Era tarde, Mónica se disponía a dar el beso de buenas noches a Adriana cuando la pequeña inició una conversación extrañamente divertida.
-Mamá, ¿tú conoces la felicidad?
-¿La felicidad?- Preguntó atónita, Adriana sólo tiene 5 años. ¿De dónde sacaría semejante pregunta?
Después de un par de segundos, la delicada madre consiguió contestar con seguridad.
-Sí, la conozco.
-¿Y cómo es?
-¿Que cómo es? La felicidad es abstracta cariño, la conocemos a través de los sentimientos.
-¿Y yo la conozco?
-No lo sé, ¿eres feliz?
-¡Claro!- Exclamó la niña mostrando aquella felicidad de la que hablaban.
-Pues he de decirte, cielo, que ya la conoces y que es tu amiga. Viene acompañada de esa sonrisa tan bonita.
Comenzaron a reír las dos. Y a disfrutar intensamente el momento madre e hija.
La chica es feliz, la infancia trae consigo la felicidad de por sí.
Es muy fácil conseguirlo. O como ella dice, es muy fácil conocerla.
A esa edad todo es felicidad, todo.
RÍE, disfruta, sueña, comienza a vivir, crea ilusiones, aprende, aprende mucho, quiere a los demás, déjate querer, juega, juega hasta cansarte de ello, y sonríele al mundo.
Ya tendrás tiempo de crecer. Ahora, dedícale tiempo a la felicidad y demuéstrale que estás ahí, que siempre lo estarás y que podrás seguirla hasta que decida soltarte la mano.

1 comentario:
La mejor lección que se le puede dar a un hijo.
Enhorabuena...
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