lunes, 22 de noviembre de 2010

Otro 22 marcado en nuestras memorias.

No hace falta seguir imaginando.
No hace falta soñar, creer, no hace falta tener esperanzas. 
Ahora no. Ya no. 


Es agradable sentir y recordar lo vivido, lo pasado. Todo lo pasado.
Los pasos que he recorrido para llegar hasta aquí. 
Para llegar a él. 
Ha costado. Y mucho. 
Pero aún así es agradable el recuerdo. 
Como si hubiera desaparecido, para siempre. Mi mente me obligaba a entender que ya no estaba, que se había ido. Que ya no debía vivir nada más, ni  tener nada relacionado con él. Nada. Lejos. Para siempre. 
Y cuando mi corazón ya no lo nombraba, cuando seguía adelante, con la cabeza alta, con la esperanza de cumplir sueños, de vivirlos, apareció. De nuevo. 
Volví a caer en sus tentadoras garras.


Es mío. Ahora sí. Ningún tipo de impedimento. Solos. Él y yo. 
Me costó volver en sí. Me costó confiar, y mucho. Pero ahí está. Conmigo. 
Amaneciendo con su mirada dentro de mí, con el deseo de abrazar a eso que mi corazón no quiere dejar volar. 
Mío. Siempre.
He conseguido en poco tiempo llenar su vida de alegría y amor, como él dice, y no puedo estar más orgullosa por ello, por decirle que comparto su opinión y que él también lo ha logrado. 


Y no, no voy a dejarlo escapar otra vez. NO. Esta vez lo amarraré con fuerza, lo sostendré contra mi pecho y lo abrazaré con amor. Con mucho amor.


Juntos. Para siempre.


~

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