domingo, 14 de noviembre de 2010

Ruth ha muerto.

Sí, ha muerto. Y junto a ella todo. 
Ha muerto la dignidad, la libertad, las ganas de vivir. Todo lo deseado, todo, se ha esfumado. 
Ha muerto la esperanza, la ilusión, las mentiras escondidas para que no salieran a la luz, la importancia de las cosas. Ha muerto también la razón, con todo lo que conlleva, incluso creo que ha desaparecido la parte que guardaba en mi interior, esa parte que me hacía de guía, de camino hacia la aventura. Pero ya no está, y cuesta continuar. El camino se hace rocoso, hasta parece que una gran tormenta tropieza conmigo. 


Pero para. ¿Qué haces? Déjalo. Frena. Siéntate en el banco más próximo, deja el camino a un lado, espérate. No hay prisa por llegar.  
Piensa. No, piensa un poco más. De verdad, ¿le ves sentido a esto? ¿En serio? Porque yo no. 
Qué mierda. No ha sido una tormenta, ni rocosas piedras las que he encontrado, ha sido una mierda. Una mierda grande y horrorosa. Pero ya se ha ido, date la vuelta, ¿no la ves a lo lejos? Tú sigues caminando, hacia delante, con la cabeza alta, y preparada, ¿verdad? Claro que sí, preparada para todo. Como siempre. 
Con ese corazón siguiéndome, con esa mirada, esa voz y esas manos que me provocan mariposas revoloteando toda mi barriga. Está ahí. No lo olvides. ¿Cierto? 
Sin él no soy nada. Sin él Ruth hubiera muerto de verdad. Sin él nada tiene sentido. 
¿Es él la razón de todo? No, él es TODO.