miércoles, 30 de marzo de 2011

Desahógate.

Venga, hazlo. Cuéntale al papel tus penas. Puede que de verdad tenga curiosidad por tu vida. Sí, sí. Por la tuya. Por aquella que dices que no deja de ser una mierda. Por aquella por la que deberías ser feliz. 

¿Feliz? Perdona amor, pero no puedo. Ahora mismo no puedo. ¿Para que engañar a este pobre corazón? ¿Para que insinuarle de nuevo que me siento bien, que no pasa nada, siendo todo mentira? Oh, corazón. Puede que ahora mismo no tenga sentido y por ello no la quiera, en cierto modo, creo que es eso. Mi vida no es algo que se pueda reciclar, o que cuando me canse la pueda cambiar; la vida está para disfrutarla y alcanzarla, a ella y a todas la metas que nos propongamos. Ya sé que eso lo sabes, corazón. Pero tienes que demostrarle a esta cabeza loca que no tiene razón y que por mucho que diga que no puede, enseñarle la puerta en la que, en un letrero grande y llamativo, pone que la felicidad se encuentra caminando y que yo la estoy alcanzando. Enséñale que tiene todo lo que hay que tener, enséñale que no debe rozar el suelo cada vez que pasa una mala racha, aunque ésta, sea un poco larga. 
Y por favor, corazón, dile de mi parte que él siempre la acompañará, sí sí, dile que cuando quiera tendrá otro corazón a su lado, dándole el amor que pueda aliviar sus penas. 

Gracias. Gracias por tomarte esta copa conmigo y gracias por escucharme, amor. Gracias por hacerla comprender, gracias por demostrarle todo aquello a esta cabecita que ya consigue situarse, poco a poco. 
Y gracias por saber que me refiero a ti, a la esperanza que provoca esta luz que me hace sonreir. 

jueves, 17 de marzo de 2011

Hasta pronto.

-Aunque te diga que no te vayas, lo harás. 

No esperes a que se marche la felicidad que te despierta cada mañana, no dejes que el miedo se apodere de ti. Está contigo siempre, no te dejará, quiere enseñarte el camino hacia la locura, pero hacia la buena locura. Una que te haga, en un instante, recorrer velozmente todos los kilómetros, alcanzando todas las nubes y encontrando entre tantas absurdas mentes el corazón que te pertenece. El suyo. 


sábado, 19 de febrero de 2011

Ayer lloré.

Qué absurdo.
Llorar delante de la persona por la que mueres no es absurdo. Llorar de felicidad por tenerle no es absurdo. Llorar y abrazarle fuertemente hasta demostrarle que no se puede ir no es absurdo. 
Amor. Es lo que siento.


No había estrellas cariño, no. Pero nosotros las veíamos. La luna nos alumbraba lo suficiente, y el olor a césped era satisfactorio. Hacía frío pero le tenía a él. Sus besos, sus caricias, su amor. 


La felicidad, joder, la felicidad. 

sábado, 5 de febrero de 2011

Ella.

En realidad es amor lo que siente. Bueno, más o menos.
-Explícate, por favor.
Sí, sí. Sus sentimientos nacen del verbo querer o amar, no estoy muy segura, pero de alguno de los dos o semejante. Ha querido recordar viejos momentos, volver por un instante al pasado, a lo lejano, volver a él. 
En su lugar, yo también lo haría, por muy cabrón que fuera, volvería a él si pudiera. Pero qué digo, claro que sí, lo he hecho, lo sigo haciendo. Y no me arrepiento de haber vuelto a él, mírame. Por ello, siempre digo que las cosas cambian, sin esperar ninguna reacción por parte de ellas. 
Puede que él confunda el amor con echar un simple polvo, pero aún así, le doy la razón a ella. A ella. Algo debe sentir todavía, por muy pequeño que sea. El roce hace el cariño. Eso de besar a alguien sin sentimiento no tiene el más mínimo sentido, que no, que no lo tiene. No durarían escasos minutos. Ella lo quiere, claro está. Y aunque los demás piensen, incluyéndome, que la está utilizando y que lo único que hace es follársela, pienso que el tiempo le demostrará que no sabe lo que hace, lo que tiene delante y lo que puede perder en un instante. Ella hace el amor, ella siente, y mucho, créeme. Ella vive de un suspiro suyo. No está enamorada, no, ahora mismo creo que no. Ese imbécil no le da razones para estarlo, pero sí le hace estar viva. Tener pavo continuamente a pesar del suspenso en mates, sonreírle a todo y bailar con la felicidad. No de la mejor forma que podría, por desgracia, pero si es feliz todo lo demás no importa. 
Pronto se dará cuenta de la realidad que le rodea, y ahí estaré cuando eso suceda, le ayudaré a bajar de la nube y respirará el aire contaminado que nos ofrece la ciudad. Pero todavía no le ha llegado el momento, así pues, QUE VIVA. Que sienta cada momento que se hace efímero, que cometa errores, porque es tiempo de hacerlo, que diga que sí y al instante cambie de opinión, que me sonría y después me contradiga una idea, que pase desapercibida entre el resto de gente y que se ponga los tacones más llamativos de la tienda, que diga blanco y negro a la vez, que le quiera, que se entregue como ella sabe hacerlo, y que le demuestre al mundo entero que es especial, que tiene que vivir esos dieciséis años de la manera más alocada, y por supuesto, que recuerde todo como si fuera la primera vez. 
No hace falta comentar lo importante que es, ¿verdad? <3

martes, 1 de febrero de 2011

Él y yo.


Estábamos allí. Entre sus sábanas.
Miraba al techo y suspiraba, pero era un suspiro de amor, de mucho amor. 
Yo, apoyada en su pecho, le observaba plácidamente.
Adoro su forma de no pensar, de dejar pasar el tiempo con tranquilidad y de mirar a un punto fijo con la esperanza de olvidar las preocupaciones. Le acaricié con muchísima suavidad, como si de fuego se tratase su piel, pasé mi mano por su mejilla izquierda intentando captar toda su atención a la vez que aliviaba el dolor. Me miró, dejó volar lo que tenía en mente, cosa sin importancia pero que aún así me importaba, y me dedicó una de sus mejores sonrisas. 
-Te quiero. 
Me apresuré hasta llegar a sus labios con la finalidad de transmitirle una respuesta.
Nos abrazamos, nos mantuvimos unos cuatro o cinco minutos así, y nuestros corazones se salían del pecho, también querían darse un enorme abrazo, lo sentían, como nosotros. 
Las sábanas nos acurrucaban y el aire nos proporcionaba amor y pasión, todo el que se concentraba en nuestra respiración. 
Mi cuerpo entero le necesita a él. 
Mi corazón desea salir de nuevo, directo hacia el suyo, hacia la felicidad. 

sábado, 15 de enero de 2011

Sigues mirando aquella pequeña mota de polvo.

Y yo sigo contemplando cómo lo haces. Con esa soltura. Extravagante. Con esa mirada. Intensa. 
Con ese perfume que a tientas entra por mi balcón. Desorientado. Como yo. 
Desorientada. Sin saber por qué esto no tiene sentido. Por qué disfruto observando esa dulce imagen. 
Por qué disfruto tanto sólo con su simple movimiento hacia la derecha. Por qué le quiero tanto. Por qué le amo. 
Por qué es mi vida. No lo sé. Es así. Y nada más. 


La forma tan elegante con la que consigue hacerme feliz.  

lunes, 3 de enero de 2011

¿Repetimos?

Súbete al tren de la felicidad. Es un trayecto corto, pero vale la pena recorrerlo. 
Sólo te hace falta un poco de optimismo, una cámara, mucho pavo, ganas de caminar, 
y unas personas que consigan llenar un espacio de tu corazón.